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Huevos al nido

28 May

6resultadofinal

1ingredientesAntes de nada, perdón por haber desaparecido todo este tiempo, pero el embarazo me ha estado absorbiendo, lo que no quiere decir que me haya olvidado de vosotros, queridos principiantes. De hecho, esta receta que hoy os presento la hice hace tiempo y la tenía guardada para mostrárosla. Hoy es el día de hacerla.

Os comenté que me regalaron un libro que me hizo mucha ilusión, ‘Cocina sin tonterías’, de Diana y Juan Eslava. Pues bien, de ahí os he sacado esta propuesta de huevos al nido, totalmente sencillita. Ahí va:

Ingredientes (tantos panes y huevos como personas):

– panes de hamburguesa o bien pan de molde tipo rústico, para que aguante bien el peso

– huevos

– sobrasada (en rodajas o para untar, como gustéis o dispongáis)

– 1 pizca de perejil picado

– aceite

– sal

Preparación:

Se trata de un plato sin ningún misterio, salvo no dejar muy crudo el huevo. Eso sí, no apto para gente con colesterol alto ni con ganas de dieta… pero una vez al año, como todo…

3yemahuevoOs cuento cómo hice uno solo, ya que si queréis hacer más basta con repetir el proceso las veces que necesitéis. En primer lugar, hay que tomar el panecillo y vaciar la miga, especialmente por la parte central. A continuación, se rellena el hueco con la sobrasada. Por otro lado, separamos la yema del huevo de la clara.

Después, la yema la colocáis en el centro del panecillo, como podéis ver en la foto y le añadimos una pizca de sal. A continuación, usamos la clara reservada batiéndola a punto de nieve. Yo lo hago a mano con la varilla de la batidora preparada para esto, pero usad el método que más os guste. Después, la clara debe cubrir el panecillo y en especial la parte central con la yema.

4batirclarasMientras, habremos puesto la sartén a calentar con aceite y, cuando esté caliente, bajamos el fuego y colocamos con cuidado el panecillo. La clave de la receta está en encontrar el punto de cocción ideal. Es decir, que no se queme ni el pan por debajo ni la clara por arriba pero, por contra, que tampoco se quede la yema cruda. En mi caso, quemé un poco el pan por debajo. Algo que podría haber corregido si, como os puse arriba, hubiera bajado el fuego en el momento de introducir el panecillo en la sartén.

Tendremos preparado un plato con papel de cocina para absorber la grasa, y lo colocamos encima. Después, retiramos el papel, colocamos nuestra receta para servir y los espolvoreamos con un poquito de perejil picado y una pizca más de sal. ¡Y a disfrutarlo!

Mi resultado:

5huevocasihechoComo comentaba antes, en mi caso se quemó un poquito el pan, aunque pude salvarlo retirando la parte inservible. Le ponemos… un 7 al que yo hice.

Es un plato fuertecito, así que evitadlo por las noches (también me equivoqué en esto). En el libro cuenta, además, un truco para los que quieran suavizar el sabor: mojar un poco en leche los panecillos en leche después de vaciar la miga, para así contrarrestar un poco el picor de la sobrasada. Como siempre os digo, ¡ahora es vuestro turno! Ya me contáis qué tal después 😉

Salmorejo

9 Ago

No por tratarse de un plato básico y demasiado típico veraniego vamos a dejar de colgarlo aquí, ¡al revés, porque es ideal para nosotros los principiantes! Así que, sin pereza, que todo es ponerse, y ¡manos a la obra! Que con apenas un ratillo de dedicación podremos guardar un poquito para toda la semana.

Confieso que yo conocí el salmorejo hará unos siete años o así porque me lo pusieron de acompañamiento de una tapita de jamón serrano en un bar muy ‘chic’ del Barrio de las Letras madrileño, Tapéame. Para mí fue toda una revelación, porque por ejemplo nunca me había gustado el gazpacho, pero esto era más suave, sin pepino y con una textura muy especial. ¡A por él!
Ingredientes (para 3-4 personas):
– 1 kg. de tomates maduros

– 1/2 barra de pan del día anterior

– 1 vasito de aceite de oliva

– 1 chorrito de vinagre

– sal

– 1 diente de ajo

– transistor como animal de compañía

Para el acompañamiento (aunque no salga en la foto):

– 1 huevo duro en daditos

– jamón serrano picadito (o para picarlo)

Preparación:

Personalmente tengo batidora normal y la thermomix me parece un trasto, pero si la tenéis, olvidaos de pelar los tomates y os saltáis ese paso. En primer lugar, coged un recipiente o bol lo suficientemente grande para batir (el de la batidora suele quedar escaso y lo mejor es hacer todo del tirón, no con ingredientes desperdigados o en tandas). Ahí echáis el pan duro troceado y lo mojáis con el aceite, el chorrito de vinagre (sin pasarse, yo eché un poco de más) y lo removéis bien para que se reblandezca.
Mientras lo tenéis en remojo, os dedicáis a lavar los tomates, pelarlos y cortarlos en dados, y después los añadís a la mezcla junto con el diente de ajo (previamente cortadito en daditos finos) y la sal. A continuación, lo batís con mucho mimo y paciencia, comenzando a deshacer desde el fondo los trocitos de pan y tomate. Poco a poco veréis que va tomando una consistencia estupenda, y debéis probarlo para rectificar en su caso el punto de sal o lo que necesitéis.

¡Ya tenéis la base! Pero para que sea un auténtico salmorejo cordobés, debe además dejarse reposar en la nevera una horita mínimo para que esté fresquito, y además necesita un buen acompañamiento. Así que mientras se enfría, ponéis a cocer un huevo, lo picáis como el jamón serrano, ¡y listo para adornar por encima cuando la crema está lista!

Resultado:

A veces pienso que un plato tan rico no debería ser tan fácil, pero ya veis, a veces la suerte también sonríe a los principiantes 😉 En mi caso me pasé un pelín con el vinagre porque leí en una receta que debía añadirle 1/3 de vaso y, en realidad, esto es demasiado, sobre todo si es un vinagre de vino tradicional. Os bastará con un chorrito. A pesar de todo, ¡nos lo terminamos enseguida, porque estaba buenísimo! Me puntúo con un 8 y me quedo corta esta vez jajaja. ¡Ahora, vosotros a prepararlo también!

Champiñones rellenos de foie, yema y nata

23 Abr

Una vez restablecida (aunque no del todo) de mis dos gripes consecutivas (ya sé, necesito tomar Actimel para las defensas, jajaja), volvemos al campo de batalla. Esta vez os traigo una propuesta de mi compañero de trabajo @Jurado_MARCA, que me pasó hace tiempo esta receta porque él había triunfado bastante con ella en una cena sorpresa para su novia.

La preparación original es de Bruno Oteiza, así que ya os podéis imaginar que el listón está alto, aunque es un plato muy sencillo y rápido de hacer.

 

Ingredientes:

– 12-14 champiñones enteros

– 100 gramos de foie (o mousse o lo que os guste o tengáis a mano, pero con sabor fuertecito)

– 2 yemas de huevo

– 125 ml. de nata

– aceite de oliva

– sal

– pimienta blanca

– pimienta negra molida

– pimentón

– perejil picado

– vinagre de vino

– transistor como animal de compañía

– mortero (no es imprescindible, pero sí muy útil)

Preparación:

En primer lugar, hay que limpiar bien los champiñones de arenilla con agua. Después, con un cuchillo pequeño de punta se van vaciando quitando los tallos. Yo no encontré foie en el supermercado, así que compré una mousse de pato que también me quedó muy apañada, aunque os recomiendo que tenga sabor fuertecito porque las salsas que le vamos a añadir son también potentes, y si no apenas se apreciaría.

Después de vaciar, se rellenan con el foie. En mi caso los completé hasta el mismo nivel de los “sombreros”, pero quizás está más rico si lo dejáis que rebase un poco, como hace Oteiza, porque así luego desprende más juguillo para añadirle a la nata.

Después, bañáis con un chorrito de aceite de oliva la bandeja o la fuente del horno en que los vayáis a colocar, los salpimentáis y horneáis a 220 ºC durante 20 minutos. Yo os recomendaría que no os paséis con la pimienta o incluso que sólo los saléis (aunque diga lo contrario Oteiza o Rita la cantaora), ya que hay mucha pimientas en las salsitas de después y a mí me quedó luego bastante picante con tanta historia.

Mientras se van haciendo,vamos a elaborar una salsa vinagreta. Es muy fácil: ponemos en el mortero todo junto 3 cucharadas soperas de aceite de oliva, 1 cucharada sopera de vinagre de vino, una pizquita de sal y otra de pimienta negra molida. Lo mezclamos bien y, si queréis, le añadís un poquito de perejil picado. ¡Ya tenemos vinagreta!

Por otro lado, ponemos las dos yemas de huevo en un bol, salpimentamos (de nuevo moderación con la pimienta), vertemos un chorrito de la vinagreta y un poco de pimentón y mezclamos todo, hasta que forme un precioso color como el que véis en la imagen. Lo reservamos

Cuando falten apenas cinco minutos para que terminen de hornearse los champis, ponemos la nata en un cazo y le añadimos una pizca de sal, perejil picado, y un chorrito de vionagreta y lo vamos mezclando todo.

Sacamos los champiñones del horno y los emplatamos. El juguito que ha quedado en la bandeja o la fuente lo vertemos en la nata que estábamos calentando y mezclamos bien. Después, regamos los champiñones con la nata, les añadimos por encima las yemas que habíamos reservado y adornamos con perejil picado. ¡Listo para comer!

Mi resultado:

Como digo, tanta pimienta en diferentes tandas dejó mi plato bastante picante en principio. Pero he de decir que, como tengo la suerte y desgracias de tener que hacer varias tandas por el tamaño de mi horno, las siguientes me quedaron mejor al eliminar o moderar la pimienta en las sucesivas fases. Por lo demás, la combinación del sabor del foie con el champiñón es espectacular, os lo recomiendo.

Croquetas de jamón

24 Feb

He pensado que todo principiante que se precie debería probar a hacer una receta tan tradicional y deliciosa como son las croquetas. Evidentemente, creo que nunca he probado unas iguales a las de mi abuela, pero poco a poco trataremos de ir perfeccionando, aunque la cosa va por buen camino.

Ella solía hacerlas de pollo o de jamón de york, siempre con su huevo durito. Yo esta vez he probado a hacerlas con jamón serrano, pero imagino que es fácil cambiar los ingredientes según los gustos de cada uno. Here we go!!

Ingredientes (5 personas):

– 75 gr. mantequilla o margarina

– 1 litro de leche (yo lo hice con desnatada por aquello de la línea, pero creo que la entera debe darle mucha más espumosidad, como veáis)

– 100 gr. de harina

– 150 gr. de jamón serrano (ibérico, pollo, jamón york… el relleno que queráis, en pequeños trocitos)

– 150 ml. de caldo de pollo hecho con Avecrem (mi abuela no lo añadía, lo dejo a vuestra elección)

– 2 huevos duros

– Sal

– Aceite de oliva para freír

– Pan rallado

– 4 huevos para el rebozado

– 1 varilla para batir (si no tenéis de mano, podéis usar la de accesorio de la batidora, que es lo que yo hice)

– 1 transistor

Preparación:

En primer lugar, pensad que la masa tenéis que prepararla el día antes o bien de la mañana para la noche, ya que después necesita reposo antes de hacer las croquetas.

En mi caso, comencé por preparar los huevos duros para así dejarlos enfriar mientras continuaba con el resto. Después, puse a disolver un cubito de Avecrem con agua para el caldito. Y mientras, en otra cazuela, fui disolviendo la margarina y, una vez líquida, incorporé los taquitos de jamón.

Para ir formando pasta, después añadí la harina y seguí removiendo bien con una cuchara de madera. Poco a poco y en varias tandas, se va incorporando la leche y seguimos removiendo. A medida que la masa se hizo más pastosa, cambié la cuchara de madera por la varilla, mucho más cómoda. Aunque, ya os advierto, no preparéis esta receta el día que tengáis agujetas en los brazos, porque puede que al dñia siguientes tengáis unas pocas más. Además, hay que tener mucha paciencia para ir mareando el relleno casi constantemente y con mucho mimo.

Después incorporé el caldo de Avecrem (recordad, apenas medio vasito y es opcional) y después los huevos duros bien troceaditos. Estos sí que son innegociables, porque los huevos duros aportan una suavidad y textura al sabor final del que no podemos prescindir.

Es el momento de descansar y limpiar un poco la cocina. Aquí yo coloqué la masa en una fuente de cristal y la dejé enfriar durante una horita a temperatura ambiente y después, con un papel film por encima, otras cinco horitas mínimo en la nevera.

Al día siguiente o por la tarde-noche sacamos la masa junto a dos platitos: uno con el pan rallado y otro con los huevos batidos. Aquí el transistor es imprescindible, ya que la media horita no nos la quita nadie. Según el tamaño deseado de la croqueta, yo fui cogiendo poco a poco trocitos, rebozando en pan, amasando con las manos, luego rebozando de huevo y volviendo a empanar y formar antes de ir colocando, una a una, todas las croquetas en un plato. Con estas cantidades y unidades más bien grandecitas, a mí me salieron 34, para que os hagáis una idea. Lo bueno que tiene esta receta es que podéis congelar las sobrantes para otro día sin problemas en este punto (antes de freírlas).

Después de elegir la cantidad de croquetas para el momento, se fríen en abundante aceite volteándolas para que queden doraditas por todos lados y, además, que el relleno tome el calor deseado. Podéis ver el vídeo de El Cocinero Fiel, que a mí me sirvió de bastante ayuda aunque lo elabore de forma algo distinta. Él sugiere aprovechar unos restos de jamón, igualmente se pueden hacer con los de un cocido, por ejemplo.

El resultado:

Creo que mis primeras croquetas aprueban con bastante nota. Echo en falta quizás algo de cremosidad, pero imagino que basta con emplear leche entera. En cualquier caso, todos mis comensales me han felicitado y hasta mi sobrino Pablo las ha querido probar, ¡con lo especial que es para las comidas!

¡Ahora os toca a vosotros poneros a la faena!

Empanadillas de atún

7 Dic

Llegaron las ansiadas empanadillas de atún, ¡tachán! Un imprescindible sin duda en la cocina para principiantes y, además, útil para aquellos que no tienen tiempo a diario para meterse entre fogones, ya que pueden guardarse y conservarse en la nevera durante unos días.

Así pues, me he lanzado a la tarea. Estuve unos días investigando diferentes recetas en libros e Internet, pero después de contrastarlas todas, llegué a la conclusión de que lo mejor era descolgar el teléfono. Quién mejor para darme la receta que mi madre, que hace unas empanadillas increíbles que recuerdo en la mesa desde que tengo uso de razón, desde los albores de mi infancia. Ya de paso, aprovecho así para dedicarle esta experiencia a ella, que ha pasado un año duro pero esperemos que el siguiente sea la antítesis de 2011 y pueda sonreír mientras me inculca alguna que otra recetilla…

En mi caso, y dada la alergia en mi casa al tomate frito, ketchup y otras variantes de índole artificial, he incluido tomate natural troceadito pequeño en el relleno, pero vosotros podríais hacerlo como prefiráis. Mi amigo Rubén (especialista en empanadillas, corroborado por sus catadores más avezados) aconseja también echarle un poco de queso al relleno. Como era mi primera incursión, he decidido ir a lo clásico, pero prometo innovar en experiencias futuras y os dejo su recomendación por si os aventuráis a probar. También vi en Internet que hay quien le añade un puntito de azúcar al relleno para darle un toque, por si os sirve. Depende mucho de gustos, creo que esta receta en concreto acepta diferentes variantes según lo que le queráis quitar o añadir sin problemas.

Ingredientes:

– Un paquete de obleas para empanadillas (suelen ser de 16, de La Cocinera)

– Una lata de atún en aceite (yo hice 12 empanadillas, si queréis el paquete entero, igual dos latas van bien, pero chiquititas, y puede que os sobre)

– Un huevo duro

– 1/2 tomate natural (lo mismo, poned uno entero si queréis más relleno) o bien tomate frito al gusto

– Una cebolla

– Un puñadito de aceitunas sin hueso (en la foto olvidé ponerlas, pero incluidlas, yo lo hice, porque le dan un toque imprescindible)

– Unas poquitas tiras de pimiento del piquillo

– Aceite

– Sal

– Transistor acompañante

Preparación:

En primer lugar, podéis ir preparando el huevo duro mientras troceáis la cebolla y se calienta el aceite en la sartén. Mi primer fallo de principiante: Me entretuve demasiado con la cebolla y el aceite se calentó tanto que al echar la cebolla, se puso negra al momento. Solución: Empezar de nuevo, pero como fue al principio, no hubo mayores problemas. Lo que os aconsejo: Podéis calentar el aceite mientras picáis la cebolla, pero a fuego medio-bajo. Siempre será mejor que luego la cebolla se vaya pochando poco a poco como me pasó después (da gusto ver cómo al fin sale bien).

Después de pelar y trocear el tomate (olvidad esta parte si es sólo tomate frito) se añade a la mezcla hasta que cambie el color. Después, podéis poner además el atún escurrido, las aceitunas previamente picaditas, el huevo duro también troceadito y apenas cuatro o cinco tiras de pimiento del piquillo (desmenuzadlas antes si son muy grandes). Sazonad al gusto (recomiendo muy poquito, ya tiene mucho sabor). Removed bien y, cuando os hayáis venido arriba con el buen color y la pinta y olor que tiene (los que tengáis extractor de humo, a tope, eso sí), retirad la mezcla a un plato con papel de cocina, para que absorba la grasa.

Esta es la parte divertida, la del relleno, en la que yo ayudaba a mi madre de pequeña y, por supuesto, si tenéis hijos podéis probar a que lo hagan también. Extended unas obleas en la mesa recién limpita (aun así, yo he dejado debajo el papel que traen, me parece más higiénico y práctico para que no se pequen). Con una cuchara, id rellenando las empanadillas por el centro y poquito, para que luego puedan cerrarse correctamente. El siguiente paso es sellarlas con un tenedor (a los niños les encanta, pero cuidado con las uñas y con no limitarse a los bordes, que las obleas son finitas). En mi caso reconozco un pequeño error porque, al dejarlas suficientemente unidas, sólo sellé por un lado, pero reconozco que estéticamente hubiera quedado más bonito hacerlo por las dos mitades. Además, siempre es mejor prevenir para que no se nos salga el interior. Id preparando un platito con papel de cocina, porque después al freír la sartén no os dejará tregua.

Otro error de principiante: Según las instrucciones de las obleas, veréis que pone que el aceite debe estar muy caliente. Como chefs noveles que somos, os recomiendo que no hagáis caso. Apenas puse las empanadillas en el aceite, se me quemaron por un lado en cuestión de menos de un segundo. Enseguida las saqué al dar la vuelta y después modifiqué toda la rutina en la siguiente tanda, con lo que salvé bastante el estropicio. Mi consejo: lo que hice yo con el resto fue poner el fuego caliente (no muy caliente) y no a tope, sino con el fuego medio, aunque suficiente ratito. Que no esté frío el aceite, está claro, pero cuidando siempre que no se quemen. En cualquier caso, el proceso deberá ser prácticamente de vuelta y vuelta, y rápidamente las empanadillas al plato. Habrá que escurrirlas bien con el papel y ¡¡listas para presentar!! Podéis dejarlas enfriar o comer así si os gustan, aunque en cualquier caso un par de minutejos siempre son recomendables para no quemarse.

Recomiendo este plato especialmente, ahora con la crisis, a fin de mes; los ingredientes son baratísimos y, además, las empanadillas piden poco relleno para no desbordarse, con lo que tampoco deberán incluirse grandes cantidades de nada.

Mi resultado:

Los puntos débiles fueron la mitad de las empanadillas un poco chamuscadas (sólo por una mitad, eso sí) y lo que comenté más arriba sobre el sello desigual, aunque fue meramente un fallo decorativo, ya que el relleno quedó muy fijo dentro de todas. Lo positivo es que esas pequeñas taras ya sabemos cómo corregirlas. En cuanto al sabor, que es lo que nos importa, mi catador le da un 8. Mi padre, además, aseguró que le sabían como las de mi madre, pero sería para que le dejara en paz. El caso es que pienso que a vosotros, chefs principiantes, os viene que ni al pelo comenzar por un plato como este. Cuidado con la masa y los fuegos pero, por lo demás, ¡vosotros podéis!

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